1. La Metáfora del Diamante — Logos por Analogía Extendida (Cap 33, final)

Dime, Anselmo, si el cielo, o la suerte buena, te hubiera hecho señor y legítimo posesor de un finísimo diamante, de cuya bondad y quilates estuviesen satisfechos cuantos lapidarios le viesen, y que todos a una voz y de común parecer dijesen que llegaba en quilates, bondad y fineza a cuanto se podía estender la naturaleza de tal piedra, y tú mesmo lo creyeses así, sin saber otra cosa en contrario, ¿sería justo que te viniese en deseo de tomar aquel diamante, y ponerle entre un ayunque y un martillo, y allí, a pura fuerza de golpes y brazos, probar si es tan duro y tan fino como dicen?

Lotario construye la analogía más devastadora del Curioso

El diamante = Camila. El ayunque y el martillo = la prueba de Anselmo. Los lapidarios = la comunidad que ya certifica su valor.

La lógica es aplastante:

  • Todos los expertos (lapidarios) ya confirman el valor → ethos colectivo

  • El diamante es finísimo → premisa aceptada por Anselmo mismo

  • Ponerlo entre yunque y martillo no puede AÑADIR valor → solo puede destruirlo

  • Si resiste → no gana nada. Si se rompe → pierde todo.

Esto es logos puro: el resultado más favorable de la prueba (resiste) es NEUTRO. El resultado desfavorable (se rompe) es CATASTRÓFICO. No hay ganancia posible. Solo pérdida.

"quilates" — aparece por cuarta vez en este capítulo. La metáfora del crisol (quilatar, acrisolar) ahora se extiende al diamante: ya no es oro en el fuego sino piedra preciosa bajo el martillo. Lotario escala la analogía: el fuego prueba oro (recuperable si se funde). El martillo destruye diamante (irreversible).

Gramática: te hubiera hecho — pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo. Hipótesis irreal: "si el cielo te hubiera hecho…​" — no te hizo, pero imagina que sí. La irrealidad del subjuntivo subraya que Anselmo ya TIENE el diamante — la hipótesis es innecesaria porque la realidad ya le dio lo que pide probar.

"a una voz y de común parecer" — dos expresiones de unanimidad en una frase. Redundancia deliberada: Lotario acumula consenso para que el contraargumento (probar el diamante) sea absurdo.

2. "La mujer es animal imperfecto"

Mira, amigo, que la mujer es animal imperfecto, y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga, sino quitárselos y despejalle el camino de cualquier inconveniente, para que sin pesadumbre corra ligera a alcanzar la perfeción que le falta, que consiste en el ser virtuosa.

Contexto histórico — no es la opinión de Cervantes

"La mujer es animal imperfecto" — viene de Aristóteles (De generatione animalium) filtrado por Santo Tomás de Aquino. Era doctrina estándar en 1605, no una opinión personal.

Pero Cervantes pone estas palabras en boca de LOTARIO — un personaje que está a punto de destruir a la mujer que describe como "imperfecta." La ironía: el hombre que llama a la mujer frágil será el instrumento de su caída. El que dice "no le pongan embarazos" será el embarazo.

¿Cervantes cree esto? Los datos del texto sugieren que no: Marcela (Cap 14) se defiende sola. Dorotea actúa con más inteligencia que Fernando. Camila, cuando llega el momento, es más estratégica que ambos hombres. Las mujeres "imperfectas" del Quijote actúan con más agencia que los hombres "perfectos."

3. El Arminio — La Fábula dentro del Argumento

Cuentan los naturales que el arminio es un animalejo que tiene una piel blanquísima, y que cuando quieren cazarle, los cazadores usan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suele pasar y acudir, las atajan con lodo, y después, ojeándole, le encaminan hacia aquel lugar, y el arminio, en llegando al lodo, se está quedo y se deja prender y cautivar, a trueco de no pasar por el cieno y ensuciar y perder su blancura, que la estima en más que la libertad y la vida.

Exemplum — Aristóteles, Retórica I.2

El arminio (armiño) es un exemplum — un ejemplo narrativo que funciona como prueba retórica. Aristóteles distingue el exemplum del entimema: el entimema prueba por lógica; el exemplum prueba por narración.

La equivalencia:

  • arminio = Camila

  • piel blanquísima = honestidad

  • lodo = la tentación (Lotario)

  • cazadores = Anselmo (el que dirige al arminio hacia el lodo)

  • prefiere ser capturado a ensuciarse = prefiere la muerte a la deshonra

La ironía: Lotario dice que no hay que poner lodo en el camino de la mujer. Pero Anselmo le está pidiendo exactamente eso — que ÉL sea el lodo. Y Lotario, al final, se convierte en lo que describió: el cieno que mancha la blancura.

4. Lotario Confiesa la Verdad a Anselmo — El Giro (Cap 34)

»—Tú lo has hecho, Lotario, como yo esperaba de tu amistad; en todo he de seguir tu consejo: haz lo que quisieres y guarda aquel secreto que ves que conviene en caso tan no pensado.

Gramática: haz lo que quisieres — imperativo + subjuntivo futuro. "Haz lo que quieras" en moderno. El subjuntivo futuro (quisieres) expresa una condición abierta al futuro: "whatever you may want." Anselmo entrega el control total a Lotario — la misma dependencia del primer párrafo (sin el cual ninguna cosa hacía) ahora aplicada a la destrucción.

5. Camila Habla — La Voz más Inteligente del Curioso

»—Sabed, amigo Lotario, que tengo una pena en el corazón que me le aprieta de suerte que parece que quiere reventar en el pecho, y ha de ser maravilla si no lo hace, pues ha llegado la desvergüenza de Leonela a tanto, que cada noche encierra a un galán suyo en esta casa y se está con él hasta el día, tan a costa de mi crédito cuanto le quedará campo abierto de juzgarlo al que le viere salir a horas tan inusitadas de mi casa.

Camila opera en dos niveles simultáneos

Nivel literal: está preocupada por la criada Leonela que trae amantes a su casa.

Nivel retórico: está probando a Lotario — ¿le dirá la verdad sobre lo que ha confesado a Anselmo? ¿O la protegerá?

"el ser ella secretario de nuestros tratos me ha puesto un freno en la boca para callar los suyos" — Leonela sabe el secreto de Camila y Lotario. Camila no puede castigarla sin exponerse. El secreto compartido es un arma mutua. Cervantes construye una cadena de chantajes: Anselmo manipula a Lotario, Leonela amenaza a Camila, y Camila ahora manipula a Lotario con la información de Leonela.

Cada personaje es simultáneamente engañador y engañado.

»—Tú lo has hecho, Lotario, como yo esperaba de tu amistad; en todo he de seguir tu consejo: haz lo que quisieres y guarda aquel secreto que ves que conviene en caso tan no pensado.

»Prometióselo Lotario, y, en apartándose dél, se arrepintió totalmente de cuanto le había dicho, viendo cuán neciamente había andado, pues pudiera él vengarse de Camila, y no por camino tan cruel y tan deshonrado. Maldecía su entendimiento, afeaba su ligera determinación, y no sabía qué medio tomarse para deshacer lo hecho, o para dalle alguna razonable salida. Al fin, acordó de dar cuenta de todo a Camila; y, como no faltaba lugar para poderlo hacer, aquel mismo día la halló sola, y ella, así como vio que le podía hablar, le dijo.

»—Sabed, amigo Lotario, que tengo una pena en el corazón que me le aprieta de suerte que parece que quiere reventar en el pecho, y ha de ser maravilla si no lo hace, pues ha llegado la desvergüenza de Leonela a tanto, que cada noche encierra a un galán suyo en esta casa y se está con él hasta el día, tan a costa de mi crédito cuanto le quedará campo abierto de juzgarlo al que le viere salir a horas tan inusitadas de mi casa. Y lo que me fatiga es que no la puedo castigar ni reñir: que el ser ella secretario de nuestros tratos me ha puesto un freno en la boca para callar los suyos, y temo que de aquí ha de nacer algún mal suceso.

Camila le revela a Lotario que Leonela ha venido lucrándose de la situación adúltera entre ambos, persuadida de que puede obrar con total impunidad: al ser depositaria del secreto, posee una salvaguarda que la vuelve intocable. Si Camila osara reprenderla, Leonela podría desatar la ruina de todos con una sola palabra. De modo que los papeles se invierten: la señora queda cautiva de su propia criada, amordazada por la complicidad compartida. No es Leonela quien teme — es Camila quien calla.

Palabras y frases resueltas
reventar

Explotar, estallar por presión interna. Imagen física y violenta. Camila dice que su dolor es tan comprimido que parece que va a reventar — romperse desde adentro. No es simplemente molestar.

"tan a costa de mi crédito cuanto le quedará campo abierto de juzgarlo al que le viere salir a horas tan inusitadas de mi casa":: El galán de Leonela entra y sale de la casa de Camila. Si un observador externo (el que le viere salir) lo ve, juzgará que es amante de Camila, no de Leonela. El daño reputacional recae sobre Camila — porque es su casa. No es cuestión de poder ni de libre albedrío; es una queja sobre la honra destruida por la indiscreción ajena.

"Y lo que me fatiga es que no la puedo castigar ni reñir"

Fatigar = angustiar, atormentar. Castigar = sancionar. Reñir = regañar, amonestar. ¿Por qué no puede? Porque "el ser ella secretario de nuestros tratos me ha puesto un freno en la boca para callar los suyos." El secreto compartido es una mordaza mutua.

»Al principio que Camila esto decía creyó Lotario que era artificio para desmentille que el hombre que había visto salir era de Leonela, y no suyo; pero, viéndola llorar y afligirse, y pedirle remedio, vino a creer la verdad, y, en creyéndola, acabó de estar confuso y arrepentido del todo. Pero, con todo esto, respondió a Camila que no tuviese pena, que él ordenaría remedio para atajar la insolencia de Leonela. Díjole asimismo lo que, instigado de la furiosa rabia de los celos, había dicho a Anselmo, y cómo estaba concertado de esconderse en la recámara, para ver desde allí a la clara la poca lealtad que ella le guardaba. Pidióle perdón desta locura, y consejo para poder remedialla y salir bien de tan revuelto laberinto como su mal discurso le había puesto.

En un principio, Lotario creyó que las tribulaciones de Camila constituían una argucia orientada a disfrazar que aquel varón avistado al partir en horas indecorosas le pertenecía a ella y no a la criada. Sin embargo, al contemplarla verter llanto, desmoronarse y implorar auxilio con una congoja imposible de fingir, se convenció de que la angustia era legítima. Enternecido, le juró sofocar la insolencia de Leonela; pero no se limitó a ello, sino que le confesó también el compromiso fraguado con Anselmo — aquella determinación precipitada, engendrada por una cólera celosa e irrefrenable, de apostarse en la alcoba para contemplar sin velo alguno la presunta infidelidad de su esposa. Le imploró clemencia por semejante desatino y le solicitó orientación para desenredarse de aquel trance con alguna dignidad.

Palabras y frases resueltas
revuelto laberinto

Enredo turbulento, encrucijada sin salida. Revuelto = desordenado, confuso. Laberinto = estructura sin salida. Lotario reconoce que su "mal discurso" (mala decisión) lo metió en un problema del que no sabe cómo salir.

"recámara"

Aposento interior, habitación privada. Aquí es donde Anselmo se esconderá para espiar a Camila — un espacio íntimo convertido en teatro de vigilancia.

"a la clara"

Claramente, sin ambigüedad. "Ver desde allí a la clara" = ver con sus propios ojos, sin intermediarios ni dudas.

"remedialla"

Remediarla (forma arcaica: infinitivo + pronombre la → -alla). Mismo patrón que honralle, persuadille.

"mal discurso"

Mal razonamiento, mala decisión. Discurso en el Siglo de Oro = proceso mental, no solo habla. Lotario reconoce que pensó mal.

»Espantada quedó Camila de oír lo que Lotario le decía, y con mucho enojo y muchas y discretas razones le riñó y afeó su mal pensamiento y la simple y mala determinación que había tenido. Pero, como naturalmente tiene la mujer ingenio presto para el bien y para el mal más que el varón, puesto que le va faltando cuando de propósito se pone a hacer discursos, luego al instante halló Camila el modo de remediar tan al parecer inremediable negocio, y dijo a Lotario que procurase que otro día se escondiese Anselmo donde decía, porque ella pensaba sacar de su escondimiento comodidad para que desde allí en adelante los dos se gozasen sin sobresalto alguno; y, sin declararle del todo su pensamiento, le advirtió que tuviese cuidado que, en estando Anselmo escondido, él viniese cuando Leonela le llamase, y que a cuanto ella le dijese le respondiese como respondiera aunque no supiera que Anselmo le escuchaba. Porfió Lotario que le acabase de declarar su intención, porque con más seguridad y aviso guardase todo lo que viese ser necesario.

Espantada por la confesión de Lotario, Camila le recriminó con vehemencia la torpeza y la vileza de su determinación: no solo le riñó, sino que le afeó — le obligó a contemplar la dimensión moral de lo que había hecho. Acto seguido, con esa prontitud de ingenio que Cervantes atribuye a la mujer (capaz de improvisar soluciones donde el varón se paraliza en deliberaciones), concibió un plan para transformar la emboscada de Anselmo en su propia salvaguarda: si él pretendía espiarla oculto en la alcoba, ella montaría ante sus ojos un espectáculo que sellase para siempre cualquier sospecha. Instruyó a Lotario con precisión de directora teatral — debía acudir cuando Leonela le llamase y responder con naturalidad, como si ignorara que Anselmo le escuchaba. Lotario, inquieto, le porfió que le revelase el plan completo; mas Camila rehusó, consciente de que el exceso de información arruinaría la espontaneidad que la representación exigía.

Lo que Cervantes entierra aquí
Contradicción deliberada

Cervantes afirma que la mujer tiene ingenio rápido pero falla en el razonamiento sistemático — e inmediatamente Camila ejecuta el plan más sistemático de la novela. ¿Lugar común para protegerse de la censura? ¿Ironía que el lector atento debe detectar? El texto se contradice a sí mismo.

"sacar de su escondimiento comodidad"

Camila se apropia del instrumento de su opresión. La trampa diseñada por Anselmo para vigilarla se convierte en el escenario donde ella lo engaña definitivamente. La víctima toma posesión del arma.

"le respondiese como respondiera aunque no supiera"

Dirección teatral explícita. Camila es directora de escena, Lotario es actor, Anselmo es público que cree estar viendo realidad. Obra dentro de novela dentro de lectura en la venta — tres niveles narrativos encajados.

"Porfió Lotario"

Porfiar = insistir con terquedad. Lotario quiere control total del plan. Camila se lo niega porque la improvisación controlada requiere que el actor no sepa demasiado — solo lo suficiente para que su reacción parezca genuina.

"espantada"

No sorprendida — aterrorizada. Cervantes elige terror, no curiosidad. La reacción de Camila es visceral antes de ser intelectual.

"afeó"

Hacer ver la fealdad moral de un acto. Más devastador que reñir: apela a la vergüenza, no al castigo. Le obliga a verse desde afuera.

»—Digo —dijo Camila— que no hay más que guardar, si no fuere responderme como yo os preguntare (no queriendo Camila darle antes cuenta de lo que pensaba hacer, temerosa que no quisiese seguir el parecer que a ella tan bueno le parecía, y siguiese o buscase otros que no podrían ser tan buenos).

Ante las porfías de Lotario, Camila zanjó la cuestión con autoridad tajante: su única obligación consistiría en responderle cuando ella le interrogase — nada más. Se abstuvo de revelarle la totalidad de su designio, recelosa de que Lotario, al conocerlo, lo desestimase y propusiera alternativas inferiores. Es un acto de soberanía intelectual: Camila confía en su propio criterio por encima del de su amante y le niega el acceso completo al plan para preservar su eficacia.

Lo que Cervantes entierra aquí
El paréntesis del narrador

Cervantes interrumpe el diálogo para explicar la psicología de Camila — "temerosa que no quisiese seguir el parecer que a ella tan bueno le parecía." La mujer que supuestamente no sabe "hacer discursos" acaba de decidir que su discurso es superior y que compartirlo lo debilitaría. La contradicción con el párrafo anterior es total y deliberada.

"si no fuere responderme como yo os preguntare"

Dirección escénica pura. El actor (Lotario) no necesita guion — solo la capacidad de reaccionar. Camila confía en que la espontaneidad de Lotario será más convincente que cualquier ensayo.

»Con esto, se fue Lotario; y Anselmo, otro día, con la escusa de ir aquella aldea de su amigo, se partió y volvió a esconderse: que lo pudo hacer con comodidad, porque de industria se la dieron Camila y Leonela. »Escondido, pues, Anselmo, con aquel sobresalto que se puede imaginar que tendría el que esperaba ver por sus ojos hacer notomía de las entrañas de su honra, íbase a pique de perder el sumo bien que él pensaba que tenía en su querida Camila. Seguras ya y ciertas Camila y Leonela que Anselmo estaba escondido, entraron en la recámara; y apenas hubo puesto los pies en ella Camilia, cuando, dando un grande suspiro, dijo:

Al día siguiente, Anselmo repitió la farsa del viaje a la aldea y regresó a apostarse en su escondite — maniobra que ejecutó sin tropiezo porque Camila y Leonela, de industria, le facilitaron el acceso. El espía se cree agente de su propia vigilancia; en verdad, las dos mujeres lo han colocado exactamente donde lo necesitan — cautivo voluntario en el palco que ellas construyeron para él. Ahora aguarda presenciar lo que Cervantes nombra con una imagen visceral: "hacer notomía de las entrañas de su honra" — una autopsia de su propia dignidad que él mismo solicitó y cuyo resultado ya ha sido escrito por otras manos.

Palabras y frases resueltas
"de industria"

Adrede, con premeditación, a propósito. No fue casualidad ni descuido — Camila y Leonela fabricaron la oportunidad deliberadamente.

"hacer notomía de las entrañas de su honra"

Notomía = anatomía, disección. Imagen de autopsia: Anselmo espera abrir y examinar sus propias vísceras morales. Pero lo que encontrará dentro es lo que las cirujanas (Camila y Leonela) hayan decidido mostrarle.

"íbase a pique de perder el sumo bien"

Estaba al borde de perder lo máximo que poseía. Metáfora náutica — hundirse sin percibir el agua.

"Seguras ya y ciertas"

Seguras de que no las veían + ciertas de que Anselmo ya estaba oculto. Doble confirmación antes de iniciar la representación. Protocolo de directora de escena: verificar que el público está en su sitio.

»—¡Ay, Leonela amiga! ¿No sería mejor que, antes que llegase a poner en ejecución lo que no quiero que sepas, porque no procures estorbarlo, que tomases la daga de Anselmo, que te he pedido, y pasases con ella este infame pecho mío? Pero no hagas tal, que no será razón que yo lleve la pena de la ajena culpa. Primero quiero saber qué es lo que vieron en mí los atrevidos y deshonestos ojos de Lotario que fuese causa de darle atrevimiento a descubrirme un tan mal deseo como es el que me ha descubierto, en desprecio de su amigo y en deshonra mía. Ponte, Leonela, a esa ventana y llámale, que, sin duda alguna, él debe de estar en la calle, esperando poner en efeto su mala intención. Pero primero se pondrá la cruel cuanto honrada mía.

»—¡Ay, señora mía! —respondió la sagaz y advertida Leonela—, y ¿qué es lo que quieres hacer con esta daga? ¿Quieres por ventura quitarte la vida o quitársela a Lotario? Que cualquiera destas cosas que quieras ha de redundar en pérdida de tu crédito y fama. Mejor es que disimules tu agravio, y no des lugar a que este mal hombre entre ahora en esta casa y nos halle solas. Mira, señora, que somos flacas mujeres, y él es hombre y determinado; y, como viene con aquel mal propósito, ciego y apasionado, quizá antes que tú pongas en ejecución el tuyo, hará él lo que te estaría más mal que quitarte la vida. ¡Mal haya mi señor Anselmo, que tanto mal ha querido dar a este desuellacaras en su casa! Y ya, señora, que le mates, como yo pienso que quieres hacer, ¿qué hemos de hacer dél después de muerto?

»—¿Qué, amiga? —respondió Camila—: dejarémosle para que Anselmo le entierre, pues será justo que tenga por descanso el trabajo que tomare en poner debajo de la tierra su misma infamia. Llámale, acaba, que todo el tiempo que tardo en tomar la debida venganza de mi agravio parece que ofendo a la lealtad que a mi esposo debo.

»Todo esto escuchaba Anselmo, y, a cada palabra que Camila decía, se le mudaban los pensamientos; mas, cuando entendió que estaba resuelta en matar a Lotario, quiso salir y descubrirse, porque tal cosa no se hiciese; pero detúvole el deseo de ver en qué paraba tanta gallardía y honesta resolución, con propósito de salir a tiempo que la estorbase.

»Tomóle en esto a Camila un fuerte desmayo, y, arrojándose encima de una cama que allí estaba, comenzó Leonela a llorar muy amargamente y a decir: »—¡Ay, desdichada de mí si fuese tan sin ventura que se me muriese aquí entre mis brazos la flor de la honestidad del mundo, la corona de las buenas mujeres, el ejemplo de la castidad…​!

»Con otras cosas a éstas semejantes, que ninguno la escuchara que no la tuviera por la más lastimada y leal doncella del mundo, y a su señora por otra nueva y perseguida Penélope. Poco tardó en volver de su desmayo Camila; y, al volver en sí, dijo:

»—¿Por qué no vas, Leonela, a llamar al más leal amigo de amigo que vio el sol o cubrió la noche? Acaba, corre, aguija, camina, no se esfogue con la tardanza el fuego de la cólera que tengo, y se pase en amenazas y maldiciones la justa venganza que espero.

»—Ya voy a llamarle, señora mía —dijo Leonela—, mas hasme de dar primero esa daga, porque no hagas cosa, en tanto que falto, que dejes con ella que llorar toda la vida a todos los que bien te quieren.

»—Ve segura, Leonela amiga, que no haré —respondió Camila—; porque, ya que sea atrevida y simple a tu parecer en volver por mi honra, no lo he de ser tanto como aquella Lucrecia de quien dicen que se mató sin haber cometido error alguno, y sin haber muerto primero a quien tuvo la causa de su desgracia. Yo moriré, si muero, pero ha de ser vengada y satisfecha del que me ha dado ocasión de venir a este lugar a llorar sus atrevimientos, nacidos tan sin culpa mía.

»Mucho se hizo de rogar Leonela antes que saliese a llamar a Lotario, pero, en fin, salió; y, entre tanto que volvía, quedó Camilia diciendo, como que hablaba consigo misma:

»—¡Válame Dios! ¿No fuera más acertado haber despedido a Lotario, como otras muchas veces lo he hecho, que no ponerle en condición, como ya le he puesto, que me tenga por deshonesta y mala, siquiera este tiempo que he de tardar en desengañarle? Mejor fuera, sin duda; pero no quedara yo vengada, ni la honra de mi marido satisfecha, si tan a manos lavadas y tan a paso llano se volviera a salir de donde sus malos pensamientos le entraron. Pague el traidor con la vida lo que intentó con tan lascivo deseo: sepa el mundo, si acaso llegare a saberlo, de que Camila no sólo guardó la lealtad a su esposo, sino que le dio venganza del que se atrevió a ofendelle. Mas, con todo, creo que fuera mejor dar cuenta desto a Anselmo, pero ya se la apunté a dar en la carta que le escribí al aldea, y creo que el no acudir él al remedio del daño que allí le señalé, debió de ser que, de puro bueno y confiado, no quiso ni pudo creer que en el pecho de su tan firme amigo pudiese caber género de pensamiento que contra su honra fuese; ni aun yo lo creí después, por muchos días, ni lo creyera jamás, si su insolencia no llegara a tanto, que las manifiestas dádivas y las largas promesas y las continuas lágrimas no me lo manifestaran. Mas, ¿para qué hago yo ahora estos discursos? ¿Tiene, por ventura, una resulución gallarda necesidad de consejo alguno? No, por cierto. ¡Afuera, pues, traidores; aquí, venganzas! ¡Entre el falso, venga, llegue, muera y acabe, y suceda lo que sucediere! Limpia entré en poder del que el cielo me dio por mío, limpia he de salir dél; y, cuando mucho, saldré bañada en mi casta sangre, y en la impura del más falso amigo que vio la amistad en el mundo.

»Y, diciendo esto, se paseaba por la sala con la daga desenvainada, dando tan desconcertados y desaforados pasos, y haciendo tales ademanes, que no parecía sino que le faltaba el juicio, y que no era mujer delicada, sino un rufián desesperado.

»Todo lo miraba Anselmo, cubierto detrás de unos tapices donde se había escondido, y de todo se admiraba, y ya le parecía que lo que había visto y oído era bastante satisfación para mayores sospechas; y ya quisiera que la prueba de venir Lotario faltara, temeroso de algún mal repentino suceso. Y, estando ya para manifestarse y salir, para abrazar y desengañar a su esposa, se detuvo porque vio que Leonela volvía con Lotario de la mano; y, así como Camila le vio, haciendo con la daga en el suelo una gran raya delante della, le dijo:

»—Lotario, advierte lo que te digo: si a dicha te atrevieres a pasar desta raya que ves, ni aun llegar a ella, en el punto que viere que lo intentas, en ese mismo me pasaré el pecho con esta daga que en las manos tengo. Y, antes que a esto me respondas palabra, quiero que otras algunas me escuches; que después responderás lo que más te agradare. Lo primero, quiero, Lotario, que me digas si conoces a Anselmo, mi marido, y en qué opinión le tienes; y lo segundo, quiero saber también si me conoces a mí. Respóndeme a esto, y no te turbes, ni pienses mucho lo que has de responder, pues no son dificultades las que te pregunto.

»No era tan ignorante Lotario que, desde el primer punto que Camila le dijo que hiciese esconder a Anselmo, no hubiese dado en la cuenta de lo que ella pensaba hacer; y así, correspondió con su intención tan discretamente, y tan a tiempo, que hicieran los dos pasar aquella mentira por más que cierta verdad; y así, respondió a Camila desta manera:

»—No pensé yo, hermosa Camila, que me llamabas para preguntarme cosas tan fuera de la intención con que yo aquí vengo. Si lo haces por dilatarme la prometida merced, desde más lejos pudieras entretenerla, porque tanto más fatiga el bien deseado cuanto la esperanza está más cerca de poseello; pero, porque no digas que no respondo a tus preguntas, digo que conozco a tu esposo Anselmo, y nos conocemos los dos desde nuestros más tiernos años; y no quiero decir lo que tú tan bien sabes de nuestra amistad, por no me hacer testigo del agravio que el amor hace que le haga, poderosa disculpa de mayores yerros. A ti te conozco y tengo en la misma posesión que él te tiene; que, a no ser así, por menos prendas que las tuyas no había yo de ir contra lo que debo a ser quien soy y contra las santas leyes de la verdadera amistad, ahora por tan poderoso enemigo como el amor por mí rompidas y violadas.

»—Si eso confiesas —respondió Camila—, enemigo mortal de todo aquello que justamente merece ser amado, ¿con qué rostro osas parecer ante quien sabes que es el espejo donde se mira aquel en quien tú te debieras mirar, para que vieras con cuán poca ocasión le agravias? Pero ya cayo, ¡ay, desdichada de mí!, en la cuenta de quién te ha hecho tener tan poca con lo que a ti mismo debes, que debe de haber sido alguna desenvoltura mía, que no quiero llamarla deshonestidad, pues no habrá procedido de deliberada determinación, sino de algún descuido de los que las mujeres que piensan que no tienen de quién recatarse suelen hacer inadvertidamente. Si no, dime: ¿cuándo, ¡oh traidor!, respondí a tus ruegos con alguna palabra o señal que pudiese despertar en ti alguna sombra de esperanza de cumplir tus infames deseos? ¿Cuándo tus amorosas palabras no fueron deshechas y reprehendidas de las mías con rigor y con aspereza? ¿Cuándo tus muchas promesas y mayores dádivas fueron de mí creídas, ni admitidas? Pero, por parecerme que alguno no puede perseverar en el intento amoroso luengo tiempo, si no es sustentado de alguna esperanza, quiero atribuirme a mí la culpa de tu impertinencia, pues, sin duda, algún descuido mío ha sustentado tanto tiempo tu cuidado; y así, quiero castigarme y darme la pena que tu culpa merece. Y, porque vieses que, siendo conmigo tan inhumana, no era posible dejar de serlo contigo, quise traerte a ser testigo del sacrificio que pienso hacer a la ofendida honra de mi tan honrado marido, agraviado de ti con el mayor cuidado que te ha sido posible, y de mí también con el poco recato que he tenido del huir la ocasión, si alguna te di, para favorecer y canonizar tus malas intenciones. Torno a decir que la sospecha que tengo que algún descuido mío engendró en ti tan desvariados pensamientos es la que más me fatiga, y la que yo más deseo castigar con mis propias manos, porque, castigándome otro verdugo, quizá sería más pública mi culpa; pero, antes que esto haga, quiero matar muriendo, y llevar conmigo quien me acabe de satisfacer el deseo de la venganza que espero y tengo, viendo allá, dondequiera que fuere, la pena que da la justicia desinteresada y que no se dobla al que en términos tan desesperados me ha puesto.

»Y, diciendo estas razones, con una increíble fuerza y ligereza arremetió a Lotario con la daga desenvainada, con tales muestras de querer enclavársela en el pecho, que casi él estuvo en duda si aquellas demostraciones eran falsas o verdaderas, porque le fue forzoso valerse de su industria y de su fuerza para estorbar que Camila no le diese. La cual tan vivamente fingía aquel estraño embuste y fealdad que, por dalle color de verdad, la quiso matizar con su misma sangre; porque, viendo que no podía haber a Lotario, o fingiendo que no podía, dijo:

»—Pues la suerte no quiere satisfacer del todo mi tan justo deseo, a lo menos, no será tan poderosa que, en parte, me quite que no le satisfaga. Y, haciendo fuerza para soltar la mano de la daga, que Lotario la tenía asida, la sacó, y, guiando su punta por parte que pudiese herir no profundamente, se la entró y escondió por más arriba de la islilla del lado izquierdo, junto al hombro, y luego se dejó caer en el suelo, como desmayada.

»Estaban Leonela y Lotario suspensos y atónitos de tal suceso, y todavía dudaban de la verdad de aquel hecho, viendo a Camila tendida en tierra y bañada en su sangre. Acudió Lotario con mucha presteza, despavorido y sin aliento, a sacar la daga, y, en ver la pequeña herida, salió del temor que hasta entonces tenía, y de nuevo se admiró de la sagacidad, prudencia y mucha discreción de la hermosa Camila; y, por acudir con lo que a él le tocaba, comenzó a hacer una larga y triste lamentación sobre el cuerpo de Camila, como si estuviera difunta, echándose muchas maldiciones, no sólo a él, sino al que había sido causa de habelle puesto en aquel término. Y, como sabía que le escuchaba su amigo Anselmo, decía cosas que el que le oyera le tuviera mucha más lástima que a Camila, aunque por muerta la juzgara.

»Leonela la tomó en brazos y la puso en el lecho, suplicando a Lotario fuese a buscar quien secretamente a Camila curase; pedíale asimismo consejo y parecer de lo que dirían a Anselmo de aquella herida de su señora, si acaso viniese antes que estuviese sana. Él respondió que dijesen lo que quisiesen, que él no estaba para dar consejo que de provecho fuese; sólo le dijo que procurase tomarle la sangre, porque él se iba adonde gentes no le viesen. Y, con muestras de mucho dolor y sentimiento, se salió de casa; y, cuando se vio solo y en parte donde nadie le veía, no cesaba de hacerse cruces, maravillándose de la industria de Camila y de los ademanes tan proprios de Leonela. Consideraba cuán enterado había de quedar Anselmo de que tenía por mujer a una segunda Porcia, y deseaba verse con él para celebrar los dos la mentira y la verdad más disimulada que jamás pudiera imaginarse.

»Leonela tomó, como se ha dicho, la sangre a su señora, que no era más de aquello que bastó para acreditar su embuste; y, lavando con un poco de vino la herida, se la ató lo mejor que supo, diciendo tales razones, en tanto que la curaba, que, aunque no hubieran precedido otras, bastaran a hacer creer a Anselmo que tenía en Camila un simulacro de la honestidad. »Juntáronse a las palabras de Leonela otras de Camila, llamándose cobarde y de poco ánimo, pues le había faltado al tiempo que fuera más necesario tenerle, para quitarse la vida, que tan aborrecida tenía. Pedía consejo a su doncella si daría, o no, todo aquel suceso a su querido esposo; la cual le dijo que no se lo dijese, porque le pondría en obligación de vengarse de Lotario, lo cual no podría ser sin mucho riesgo suyo, y que la buena mujer estaba obligada a no dar ocasión a su marido a que riñese, sino a quitalle todas aquellas que le fuese posible.

»Respondió Camila que le parecía muy bien su parecer y que ella le seguiría; pero que en todo caso convenía buscar qué decir a Anselmo de la causa de aquella herida, que él no podría dejar de ver; a lo que Leonela respondía que ella, ni aun burlando, no sabía mentir.

»—Pues yo, hermana —replicó Camila—, ¿qué tengo de saber, que no me atreveré a forjar ni sustentar una mentira, si me fuese en ello la vida? Y si es que no hemos de saber dar salida a esto, mejor será decirle la verdad desnuda, que no que nos alcance en mentirosa cuenta.

»—No tengas pena, señora: de aquí a mañana —respondió Leonela— yo pensaré qué le digamos, y quizá que, por ser la herida donde es, la podrás encubrir sin que él la vea, y el cielo será servido de favorecer a nuestros tan justos y tan honrados pensamientos. Sosiégate, señora mía, y procura sosegar tu alteración, porque mi señor no te halle sobresaltada, y lo demás déjalo a mi cargo, y al de Dios, que siempre acude a los buenos deseos. »Atentísimo había estado Anselmo a escuchar y a ver representar la tragedia de la muerte de su honra; la cual con tan estraños y eficaces afectos la representaron los personajes della, que pareció que se habían transformado en la misma verdad de lo que fingían. Deseaba mucho la noche, y el tener lugar para salir de su casa, y ir a verse con su buen amigo Lotario, congratulándose con él de la margarita preciosa que había hallado en el desengaño de la bondad de su esposa. Tuvieron cuidado las dos de darle lugar y comodidad a que saliese, y él, sin perdella, salió y luego fue a buscar a Lotario, el cual hallado, no se puede buenamente contar los abrazos que le dio, las cosas que de su contento le dijo, las alabanzas que dio a Camila. Todo lo cual escuchó Lotario sin poder dar muestras de alguna alegría, porque se le representaba a la memoria cuán engañado estaba su amigo y cuán injustamente él le agraviaba. Y, aunque Anselmo veía que Lotario no se alegraba, creía ser la causa por haber dejado a Camila herida y haber él sido la causa; y así, entre otras razones, le dijo que no tuviese pena del suceso de Camila, porque, sin duda, la herida era ligera, pues quedaban de concierto de encubrírsela a él; y que, según esto, no había de qué temer, sino que de allí adelante se gozase y alegrase con él, pues por su industria y medio él se veía levantado a la más alta felicidad que acertara desearse, y quería que no fuesen otros sus entretenimientos que en hacer versos en alabanza de Camila, que la hiciesen eterna en la memoria de los siglos venideros. Lotario alabó su buena determinación y dijo que él, por su parte, ayudaría a levantar tan ilustre edificio. »Con esto quedó Anselmo el hombre más sabrosamente engañado que pudo haber en el mundo: él mismo llevó por la mano a su casa, creyendo que llevaba el instrumento de su gloria, toda la perdición de su fama. Recebíale Camila con rostro, al parecer, torcido, aunque con alma risueña. Duró este engaño algunos días, hasta que, al cabo de pocos meses, volvió Fortuna su rueda y salió a plaza la maldad con tanto artificio hasta allí cubierta, y a Anselmo le costó la vida su impertinente curiosidad.»

6. Leyenda de Símbolos

Símbolo Significado

[NOTE]

Gramática y estructura lingüística

[sidebar]

Análisis retórico y literario

[IMPORTANT]

Hallazgo principal — la idea más significativa del pasaje